02 diciembre 2012

El fracaso de un rescate: Operación Eagle Claw


Asalto a la Embajada de EEUU

En Irán se había producido un cambio que sólo el Mossad israelí y la Inteligencia francesa habían previsto. Al poder omnímodo del sha Reza Pahlevi, “Trono del Pavo Real”, le había sucedido la intransigencia religiosa del frugal ayatollah Jomeini.  La monarquía imperial de ayer era hoy un califato islámico chiíta.

   El exsha Pahlevi fue peregrinando de país en país, mientras desde Teherán se multiplicaban las amenazas para quien lo acogiera sin extraditarlo. Nelson Rockefeller, el magnate, y Henry Kissinger, hombre de confianza de tres presidente: Richard Nixon, de Reagan y de George Bush, presionaron al presidente Jimmy Carter para que autorizase la entrada del Sha a los EE.UU. El 22 de octubre de 1979 Pahlevi viajó a Nueva York para hacerse una operación.

La noticia inició una ola de furiosas manifestaciones en Teherán y millones de iraníes marcharon por las calles de la capital gritando "¡Muera el sha!" y, también,Magbar Amerika. La campaña llegó a su clímax el 4 de noviembre de 1979, cuando una muchedumbre persa asaltó la embajada estadounidense y tomó como rehenes a cuantos estaban allí. Era el aniversario del exilio del Imam Jomeini a Turquía. Los militantes, que se decían “seguidores de la línea del Imam” justifican su ocupación como protesta por el encuentro del presidente iraní Bazargán con el asesor norteamericano Brzezinski. Conscientes de su eco en los medios, los jóvenes musulmanes iraníes liberan a los estadounidenses negros y a las mujeres. Mantienen como rehenes al resto del personal. Ofrecen liberar a los cautivos a cambio de la extradición del Sha a Irán, para ser juzgado por los crímenes contra el pueblo iraní. El Ayatollah aprobó la toma de rehenes de Estados Unidos, sobrepasando por la izquierda a las organizaciones islamomarxistas Fedayin y Muyahidin Jalq, con cantera universitaria. También desautorizaba al presidente iraní y su ala moderada y consolidaba el poder de Jomeini. La euforia por la humillación a la nación más poderosa distrae al pueblo persa de las dificultades económicas de su país.

El presidente Carter rehusó ceder a las demandas. Presionó a Irán. Carter declaró el 8 de enero, en una conferencia de prensa, que descartaba cualquier intento de rescate porque "seguramente fracasaría... y los rehenes morirían". En abril de 1980, rompió relaciones diplomáticas con Teherán e impuso un embargo comercial, exceptuando medicinas y alimentos. Los fondos iraníes en Estados Unidos quedaban congelados y contabilizados para indemnizar a los rehenes al ser liberados y pagar las demandas de las empresas norteamericanas contra Irán. Las medidas de Carter no desagraviaron a los estadounidenses: una encuesta reveló que el 65% de los ciudadanos pensaba que las sanciones no acelerarían la liberación de los rehenes. Un 51% opinó que las acciones del presidente no eran "suficientemente enérgicas". Carter supo que Jomeini retendría a los rehenes por lo menos hasta el primer aniversario de su captura -4 de noviembre de 1980. Un problema de relaciones internacionales se convertía en un problema electoral. Su principal contrincante, el republicano Ronald Reagan, acusaba a Carter: "Los rehenes no debieron estar cautivos seis días, mucho menos seis meses."

En realidad, el 9 de noviembre de 1979, apenas cinco días después del secuestro del personal de la embajada, Carter ordenó a sus asesores pensar en opciones militares, entre ellas una misión de rescate. Diez días después, el informe estaba en su escritorio. Brzezinski propuso mostrar el poder militar: bombardear las instalaciones petrolíferas de la isla iraní de Jarq, bloquear el país por mar y llevar a cabo ataques aéreos. Pero, con los soviéticos en Afganistán, desde diciembre de 1979, Washington no lo consideró oportuno. Una de las razones que llevó al Ejército soviético a Afganistán fue el temor a una intervención directa de EE.UU. en Irán. Optaron por la opción con menos bajas colaterales. Autorizó Carter a la unidad antiterrorista “Luz Azul” a planear y entrenarse para la misión mientras buscaba agotar las posibilidades de una solución diplomática. A petición de Carter, el presidente Torrijos recibió a Pahlevi en Panamá el 15 de diciembre.

El 11 de abril de 1980, Carter ordenó iniciar la misión de rescate. Involucraría las cuatro ramas del ejército: infantería, fuerza aérea, marina e infantes de marina. El Pentágono norteamericano diseñó la operación en dos partes: un grupo se dedicaría exclusivamente a rescatar los rehenes, mientras el otro realizaría ataques de distracción. Era un plan complicado y audaz: seis aviones de transporte C-130 Hércules despegarían de una base aérea egipcia, circunvalarían la península arábiga y aterrizarían en un punto del desierto iraní, cuyo nombre en clave era Desierto Uno, 400 kilómetros al suroeste de Teherán. Ahí se les unirían ocho helicópteros RH-53 Sea Stallion, procedentes del portaaviones Nimitz en el golfo Pérsico, que llevarían a los comandos -una fuerza selecta de 90 voluntarios- a la capital, donde el aterrizaje y asalto se coordinarían con marines que llegarían en camiones camuflados con emblemas del ejército iraní. En el primer plan los pesados vehículos derriban las puertas del recinto. Seis helicópteros RH-53 Sea Stallion salen de la nada. Tres aterrizan en el edificio de la embajada, cubiertos por las ametralladoras eléctricas de los calibres .30 y .50 de los otros tres que sobrevuelan el lugar. Soldados de elite desembarcan y se unen a los escuadrones de marines en camiones. Vencen a los guardias y liberan a los 48 rehenes estadounidenses. Otro grupo saca tres rehenes que tienen separados en el cercano Ministerio iraní de Asuntos Exteriores. Mientras los milicianos chiítas se disparan en medio de la confusión, el comando lleva a los rehenes a los helicópteros, despegan y se internan en la oscuridad. Los rehenes liberados y los comandos viajan en los helicópteros a Desierto Uno, donde abordan los aviones de transporte para volar hacia Egipto, a salvo. Tras reabastecerse en los C-130, los helicópteros regresan al portaaviones. Los demócratas podían imaginar los titulares. “Estados Unidos ha concluido con este audaz golpe su larga humillación; el presidente Jimmy Carter es aclamado”. Así imaginaron los estrategas de la Casa Blanca el resultado del asalto para liberar a los rehenes tras 172 días de cautiverio. Este plan original recibió muchos retoques. Carter estaba en el momento más bajo de su popularidad; sólo un rescate con éxito le daría posibilidades para la reelección presidencial. No fue así.

El plan requería una meticulosa planificación, entrenamiento intensivo, coordinación rigurosa, secreto absoluto y mucha suerte.

Operación Eagle Claw

Los 13 rehenes liberados en noviembre por los iraníes dieron mucha información sobre la Embajada y sus captores, actualizada por las noticias que suministraban los agentes infiltrados, iraníes antijomeinistas.

Las Fuerzas Armadas de EE.UU recibieron varias propuestas. La unidad antiterrorista alemana GSG-9 se ofreció para situar agentes en un equipo de la televisión alemana invitado a visitar la embajada. El SAS británico brindó su asistencia con información previa a la misión.  Las dos ofertas fueron rechazadas por cuestiones de imagen interna y porque Washington no vio aconsejable implicar a otros gobiernos. Eran sus hombres y su embajada.

El plan sufrió reajustes. Los helicópteros RH-53 no poseían el alcance suficiente. Incluso con depósitos auxiliares para volar desde Omán o desde un portaaviones hasta el emplazamiento elegido en el desierto, cerca de Teherán, donde debían repostar tomando el combustible de los enormes tanques de goma arrojados por transportes Lockheed C-130. Las pruebas de lanzamiento de estos tanques se retrasaron y, al final, resultaron un fracaso. Modificaron el plan de nuevo. En vez de trasladarse a bordo de los helicópteros, la Fuerza Delta, creada en 1977 como unidad antiterrorista de ultramar, volaría hasta el lugar de cita en tres MC-130 Hercules mientras los helicópteros se dirigían hacia el punto de encuentro directamente desde el portaaviones, reaprovisionados desde tres EC-130 Hercules, dotados cada uno de ellos con un bolsa de combustible de 11.365 litros. Los tres EC-130 pertenecían al 7° ACCS, mientras que los MC-130 los aportarían los Escuadrones de Operaciones Especiales 1, Filipinas; 7, Alemania; y 8, Florida.

El plan de rescate tomó forma casi definitiva. La alternativa era una cita en el desierto, a casi 490 km. al sur de Teherán. Tres hombres tripulando un transporte STOL, un De Havilland Canada Caribou, demostraron, el 31 de marzo, que era posible aterrizar y despegar en ese sitio. A este punto lo llamaron Desierto Uno y a él transportarían a la Fuerza Delta, allí transbordaría de los aviones MC-130 a los helicópteros RH-53, que deberían repostar previamente en ese mismo lugar. Después los helicópteros volarían a un segundo punto en el desierto a unos 80 km. al sudeste de la capital iraní, para llegar allí aproximadamente una hora antes de rayar el día. Después de descansar durante el día, la Fuerza Deltallegaría con las primeras horas de la tarde a Teherán en camión, desechando la escandalosa penetración en helicópteros que no habría pasado desapercibida. Los rehenes serían liberados por asalto directo a los edificios de la Embajada, y evacuados al estadio de fútbol donde pueden aterrizar y recogerlos los RH-53D. El Pentágono consideró la evacuación de rehenes y comandos desde el estadio a bordo de un Hercules equipado con despegue asistido por cohetes, pero abandonaron el plan al estrellarse el avión durante la prueba.

   Dos AC-130 Hercules permanecerían a la espera, uno de ellos en vuelo artillado sobre el aeropuerto internacional Mehrabad para impedir que los dos McDonnell Douglas F-4 Phantom allí destinados pudiesen despegar y el otro sobre la Embajada, listo para detener cualquier intento acorazado iraní. Después de ser evacuados, los edificios serían destruidos por el Hercules para no dejar detrás nada que pudiese utilizarse como propaganda. En el estadio, la Fuerza Delta y los rehenes embarcarían en los helicópteros y volarían hacia Manzariyeh, un aeródromo abandonado a medio camino entre Teherán y la ciudad santa de Qom. El aeródromo se habría asegurado mediante una compañía de Rangers y estos hombres, junto con los rehenes y la Fuerza Delta serían trasladados a Omán mediante aviones Lockheed C-141 StarLifter. Durante todas las fases de la Operación, la Fuerza Delta podía solicitar ayuda aérea del portaaviones USS Nimitz (CVN-68) que habría enviado sus Grumman A-6 Intruder y Vought A-7 Corsair II de ataque y con interferidores electrónicos Grumman EA-6B Prowler, con cobertura superior de los Grumman F-14 Tomcat. Un McDonnell Douglas C-9 Nightingale de evacuación sanitaria habría estado a la espera por si se producían bajas.

   A finales de 1979 comenzaron los traslados para acercar los aparatos a Irán. Seis RH-53D fueron aerotransportados a la isla Diego García, en el océano Índico. Allí los montaron y probaron en vuelo antes de embarcarlos en el portaaviones USS Kitty Hawk (CV-63) que estaba destacado en el mar de Arabia. En enero de 1980 fueron transferidos al Nimitz, que llevaba otros dos RH-53D. El presidente Carter aprobó el inicio de la Operación el 16 de abril y la Fuerza Delta voló desde la base aérea de Pope a la de Frankfurt el 20 de abril. Allí se incorporaron a la fuerza otros 13 hombres cuya tarea sería rescatar al puñado de rehenes mantenidos dentro del edificio de Asuntos Exteriores. Después volaron a Wadi Kena, en Egipto, para llegar la mañana del 21 de abril. Aunque la misión iba a controlarse desde Egipto, donde disponían de instalaciones de comunicación por satélite, se partiría desde Masirah, una isla en la costa de Omán. Para entonces los RH-53 a bordo del Nimitz habían sido pintados en color arena, y los aviones de su Ala Embarcada recibieron bandas de identificación rojas para participar en la operación, como los embarcados en el USS Coral Sea (CV-43), que habían sustituído al Kitty Hawk en la zona. Algunasfuentes han apuntado que el objetivo de estos aviones podría ser lanzar un ataque sobre Teherán con el objeto de confundir y saturar las defensas iraníes. Otra opción podría haber sido la de un ataque de castigo a la capital iraní o a cualquier refinería de petróleo. Las fuerzas disponibles a bordo de los dos portaaviones eran poderosas, con capacidad para infligir daños importantes. A bordo del Nimitz se encontraban los A-7 Corsair del VA-82  y del VA-86, los A-6 Intruder del VA-35, los F-14 Tomcat del VA-41 y del VF-84, así como varios Prowler, Vikings, McDonnell Douglas Skywarrior y Grumman Hawkeye. El Coral Sea embarcaba los A-7 del VA-27 y VA-97, así como los F-4N Phantom del VFMA-323. Era la opción del asesor Brzezinski.

   La operación de rescate estaba planeada de una forma tan compleja, que necesitó la colaboración de Egipto, Omán, Bahreim, Turquía e Israel. Estaba inspirada en la operación Entebbe, el rescate de rehenes realizado por los israelíes contra los secuestradores palestinos en la Uganda de Idi Amin Dada.

   Por la tarde del jueves 24 de abril, los C-130 despegaron de Egipto para cruzar Irán en vuelo rasante, y evitar ser detectados por los radares. El acercamiento sin ser captados fue posible con la ayuda del general Bagheri, jefe de la Fuerza Aérea. Ese día, los 132 hombres del equipo abordaron los tres MC-130 en Masirah para emprender el largo e incómodo vuelo hacia el norte, rumbo a Desierto Uno. La fuerza la formaban 93 hombres de Delta, los 13 del equipo de rescate del edificio de Asuntos Exteriores, una docena de conductores, otra docena de hombres para vigilar las carreteras y dos ex-generales iraníes. El primer MC-130 despegó una hora antes que el resto de la Fuerza, y cruzó la costa iraní a 120 m. de altura y al oeste de Chah Bahar. El vuelo a baja cota a través de Irán no fue fácil ni siquiera con el radar de seguimiento del terreno y el equipo de navegación inercial del Mc- 130, equipado también con un explorador lineal infrarrojo. El avión llegó a Desierto Uno  y conectó una radiobaliza dejada por el avión de exploración, antes de aterrizar y desplegar el equipo de vigilancia de carretera. Pero antes que el MC-130 pudiese volver a despegar llegó a la escena un autobús iraní con 43 pasajeros civiles. Fue detenido, registrado y los civiles apresados. Poco después llegaba un camión que, tras ignorar las órdenes de detenerse, fue destruido por un arma ligera contracarro M72. El conductor consiguió escapar en un automóvil y daría la alarma.

   Los ocho RH-53D tenían que llegar unos treinta minutos después del último Hercules. Llegaron sólo seis con retrasos de entre 60 y 90 minutos. Otro RH-53D se vio obligado a aterrizar en ruta por temor a una rotura de pala y otro más abortó la misión tras perder parte del sistema de control de vuelo y algunos instrumentos, en una tormenta de arena. El resto de la formación hubo de volar entre nubes de polvo en suspensión y los dos de la cabeza se vieron forzados a tomar tierra en el desierto y esperar durante 20 minutos a que mejoraran las condiciones. Las dificultades que encontraron los pilotos de los marines se agravaron por el poco conocimiento que tenían del nuevo sistema de navegación inercial paletizado que llevaban en lugar del Omega al que estaban acostumbrados.

   En Desierto Uno estaba al mando el coronel Charles A. Beckwith (1929-1994), un boina verde de 51 años. Antiguo jugador de futbol de la Universidad de Georgia, en 1965 se dio a conocer en los círculos militares por un espectacular rescate de boinas verdes prisioneros en Plei Me, Vietnam. Le enviaron una temporada con el elitistaSAS británico, el Special Air Service imparte uno de los entrenamientos más duros del mundo. A su regreso, el coronel Beckwith impulsó la creación de la Fuerza Delta. 

Cuando el boina verde buscó a los pilotos del primer helicóptero RH-53D que llegó a Desierto Uno, no encontró al jefe de la formación, el coronel Sieffert, sino al mayor James Schaeffer, un piloto diestro, físicamente agotado y casi incapaz de llevar a cabo la misión. Noobstante, tan pronto llegaban, los helicópteros repostaban, listos para la siguiente etapa de la jornada. Mientras se reabastecían de combustible en el desierto, detectaron, un problema  hidráulico en otro helicóptero, provocado por un aterrizaje excesivamente duro. No podía repararse y usar la nave era arriesgarse a un fallo completo del sistema de control de vuelo. El coronel Beckwiht se enfrentó a un dilema: el mínimo indispensable para rescatar a los rehenes se había fijado en seis helicópteros; tenía sólo cinco. Solicitó a Washington, a 13.000 km de distancia, autorización para continuar la misión. La respuesta fue cancelar y salir de Irán. Los comandantes consultaron si seguir o no. Fuentes de información en París afirmaron que los escuchas de radio israelíes revelaron fuertes discusiones entre las partes. Los oficiales en Desierto Uno decían sí y Washington decía no. El presidente Carter ordenó el abandono de la misión y dio instrucciones al Nimitz para ejecutar las “acciones militares necesarias para evacuar nuestras fuerzas”. "Por lo menos no hubo bajas", dijo el presidente a sus asesores, "y no hubo detección".  Desgraciadamente, Carter resultaría estar equivocado en ambas aseveraciones.

   Aunque en el plan original los RH-53D iban a ser abandonados en Manzariyeh, se decidió no dejarlos en Desierto Uno. Pero los Hercules habían gastado mucho combustible después de permanecer tres horas con los motores en funcionamiento. El primero de los RH-53D llegados necesitaba una carga completa de combustible, que había agotado para llegar hasta el Nimitz. Después despegó en medio de una nube de arena para virar ligeramente al pasar sobre el ala de uno de los cisternas EC-130. Una pala del rotor principal rozó el fuselaje y lo cortó causando una gran explosión cuyas llamas envolvieron a las dos aeronaves. Las detonaciones de la munición dificultaron la evacuación de los supervivientes y la recuperación de los cuerpos de los tres muertos en el helicóptero y los cinco más fallecidos en el EC-130. Otros helicópteros sufrieron daños. Llegaban milicianos iraníes. Todo el personal embarcó en los Hercules y abandonaron los RH-53D,  ya que los cisternas no disponían de combustible ni siquiera para incendiarlos. La Fuerza Delta regresó en vuelo a Masirah, donde los hombres fueron transferidos a un C-141 StarLifter y a un C-9A. Los aviones volaron entonces a Ramstein en la República Federal de Alemania, después de repostar en Bahrain. Grecia reveló haber concedido permiso para que sobrevolaran su espacio aéreo tres cargueros de la USAF en ruta de Bahrain a Ramstein. El coronel Beckwith solicitó un ataque aéreo para destruir los RH-53D abandonados. El ataque no se lanzó, dicen que por miedo a dañar a los civiles iraníes del autobús capturado. Los iraníes alegaron que habían destruido los helicópteros para evitar que los estadounidenses emprendiesen otra misión para recuperarlos. Lo cierto es la escasez de repuestos para sus propios RH-53 que padecía la Armada de Irán.

   El plan fue aventurero e incluía un margen de error excesivo. La sorpresa era el factor principal y la confianza en la poca capacidad de reacción de la cadena de mando iraní. En esto estaban acertados: el ministro de Defensa iraní no supo nada de la operación hasta el anuncio de la Casa Blanca, saliendo de la habitación tan precipitadamente que empujó al corresponsal de una emisora británica de radio que lo testimonia. Otra de las causas del fracaso fue la falta de fiabilidad de los helicópteros, en parte achacable a la escasa experiencia en su mantenimiento del personal del Nimitz. El plan era además extremadamente ambicioso y careció de una adecuada planificación de contingencias, entre ellas el mal tiempo que supuso la tormenta de arena, las averías de las naves y la intervención de milicianos iraníes. Murieron cinco tripulantes de un C-130, y tres marines del RH-53. Otros cuatro soldados sufrieron quemaduras graves. Los cuerpos de los caídos se abandonaron ante la llegada de iraníes armados que aparecieron en Desierto Uno. Los comandos se apiñaron en los C-130 restantes para salir apresuradamente. Alertados por la intentona, los militantes iraníes dispersaron a los rehenes estadounidenses en varios lugares de la capital para imposibilitar otra misión de rescate.

Carter apareció en la televisión y ante todo el país se responsabilizó del fracaso. "Fue mi decisión intentar la misión de rescate", declaró, "y fue mi decisión cancelarla cuando surgieron problemas". Según los comentaristas, el fracaso de todos sus esfuerzos para liberar a los rehenes -y especialmente el humillante final de la misión de rescate- costó a Jimmy Carter la reelección presidencial. Ronald Reagan lo derrotó fácilmente en las elecciones de noviembre.

     Tras la muerte del ex-Sha el 17 de julio, la Cámara de Representantes norteamericana dirigió un mensaje al Majlis iraní instándole a reconsiderar el problema de los rehenes. El Parlamento contestó que EE.UU. debía asumir las responsabilidades financieras y económicas derivadas de las acciones de Mohammed Reza Pahlevi: devolución de los fondos del Sha, cancelación de las demandas norteamericanas contra Irán, descongelamiento de los cuantiosos fondos iraníes en bancos estadounidenses y la promesa de no intervenir en los asuntos internos iraníes. Ronald Reagan, el candidato presidencial  republicano, aseguró que aceptaría tres de esas condiciones y dejaría la decisión sobre los fondos a nombre del Sha en manos de los tribunales.

Más de medio centenar de estadounidenses permanecieron cautivos durante 444 días en la embajada de EEUU en Irán, entre noviembre de 1979 y enero de 1981, después del derrocamiento del Sha Mohamed Reza Pahlevi y la instauración de un régimen islámico. El mismo día que Reagan prestó juramento como presidente, el 20 de enero de 1981, los jomeinistas liberaron al último de los rehenes.

Irán no tiene mucho tiempo para regodearse en su victoria y anunciar al mundo el fracaso de la misión de rescate contra “el nido de espías” denominación chiíta de la Embajada norteamericana en Teherán. El 22 de septiembre de 1980, el Iraq de Saddam Hussein ataca al Irán de Jomeini pero esa es ya, otra historia.

Como colofón, algunos rehenes norteamericanos reconocen al actual presidente Ahmedineyad entre los asaltantes.Son Chuck Scott, coronel retirado del Ejército de EE.UU., Kevin Hermening, William Daugherty, David Roeder y Don Sharer.Ahmedineyad era entonces estudiante de la Universidad de Ciencia y Técnica de Teherán y miembro de la Oficina para el Fortalecimiento de la Unidad, una de las organizaciones estudiantiles radicales que planificaron la toma de rehenes pero, según su entorno, estaba más preocupado en atacar a los soviéticos que a los estadounidenses. El líder de los estudiantes que irrumpieron el 4 de noviembre de 1979 en la Embajada, Abbas Abdi, aseguró que el presidente electo se opuso: "No formó parte de nuestro grupo. No tuvo ningún papel en el ataque, y mucho menos en la seguridad"[1].



[1]   LA CASA BLANCA 'ESTUDIA' LOS HECHOS Cinco rehenes retenidos hace 25 años en Irán identifican como un secuestrador al presidente electo http://elmundo.es/elmundo/2005/06/30/internacional/1120160377.html

27 noviembre 2012

¿A dónde va el Ejército chino?



El creciente poderío militar chino preocupa a las grandes potencias del mundo, cuya hegemonía procede de la Segunda Guerra Mundial. Las sucesivas crisis y sus actitudes en política exterior (Irán, Corea del Norte, Sudán)  ponen en tela de juicio al país presidido por Hu Jintao. China ya rompió sus relaciones militares con Estados Unidos por la venta de armas a Taiwan, y ha criticado con dureza su apoyo a Japón en las disputas por la soberanía de islas fronterizas.

   Washington también tiene sus sospechas sobre el apoyo militar a Irán, Sudán y Corea del Norte. El consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Tom Donilon, señaló tres puntos de fricción: la relación económica dado que China es un gran consumidor de energía y un vendedor barato; los amenazados derechos humanos en Tibet y los socios internacionales con que China se codea. La visita del entonces secretario de Defensa, Robert Gates, a Pekín, no logró despejar, de hecho, estas cuestiones. Concretamente, el Ejecutivo de Barack Obama reprochó a China que no condene la actuación de Corea del Norte en casos como el hundimiento de un barco de su vecino del Sur y el fuego de artillería que realizó contra la Isla de Yeonpyeong. Estos encontronazos se estudian con desconfianza en el Pentágono. Entre los países más inquietos por la creciente hegemonía de Pekín están India, Japón y Corea del Sur. A ello se suma el espectacular crecimiento del Ejército de Liberación Popular chino (ELP).

   En otro orden de cosas, el ELP protagonizó, en Lhasa, Tibet, una dura represión. Aunque también el Ejército chino fue la principal fuerza de atención humanitaria en el terremoto de Sichuan y el garante de la seguridad durante los Juegos Olímpicos.

Avances tecnológicos

Es sabido que la industria militar china ha superado ya importantes retos tecnológicos, canibalizando los modelos de aviones de guerra y los diseños creados por los ingenieros de la desaparecida Unión Soviética. Si China fue el principal cliente en aviónica militar de Rusia, tras la caída del Muro de Berlín, hoy está desarrollando su propia oferta armamentística. Un caso que evidencia esta afirmación es el caza chino J11B. Ya, en 1992, China fue el primer país que compró el modelo ruso Sukhoi 27. Cuatro años después, adquirió las licencias para montar estas aeronaves en sus factorías. En 1998, Pekín rompió el contrato con Moscú, afirmando que ese aparato estaba obsoleto. En el año 2007, China presentó su propio modelo de avión, el J11B, una copia evidente de ese Sukhoi. Este año, ha realizado el primer aterrizaje en portaaviones del modelo J-14.

   Washington se preocupa más por otros dos programas militares. Uno es el desarrollo de los misiles balísticos antibuque DF-21D, guiados por satélite y capaces de esquivar los sistemas de defensa de la Navy norteamericana. Estos misiles podrían caer en manos de la República Islámica de Irán. Otro, el caza invisible J20 Stealth, que podría estar operativo antes de 2020. Dispone de la capacidad necesaria para transportar armas pesadas a largo alcance. Los dos programas amenazan la invulnerabilidad  naval de la Séptima Flota de Estados Unidos, que patrulla y controla el Pacífico.

Más presupuesto para el ejército

Este esfuerzo tecnológico goza de un gran respaldo financiero. China reconoce que su presupuesto militar consume el 1,4% del PIB. Pero organismos neutrales, como el Instituto de la Paz de Estocolmo, sitúan este porcentaje en un 2%. En cifras absolutas, la inversión militar china ha crecido un vertiginoso 217% en la última década. Dentro del país, organismos como el Instituto de Economía de la Defensa y la Universidad china de Economía de la Defensa Nacional, abogan por el incremento de la inversión militar por encima del 3% del PIB, encarando sus nuevas prioridades hasta 2015. El nuevo aumento, anunciado por el portavoz de la Asamblea Nacional Popular, Li Zhaoxing, dejó la partida militar anual en 56.200 millones de euros. El crecimiento es inferior al de 2008 (17,6%), pero bastante superior al ritmo de crecimiento de la economía china, cuyo PIB subió un 9% en 2008 y un 8% en 2009. El ELP consume hoy, realmente, el 6,3% del total del presupuesto del Estado. Los militares chinos explican que los incrementos presupuestarios se dedican a mejorar el nivel de vida de los militares más que a la compra de armas. Citan que EEUU gasta un 4% de su PIB en defensa y Francia y Reino Unido gastan alrededor del 2%.

   El avance tecnológico y el incremento del presupuesto de la Defensa china enfocan un objetivo geoestratégico: la hegemonía del Mar del Sur de China, por donde circula un tercio del tráfico comercial marítimo y la mitad de todo el combustible con destino a Japón, Corea del Sur y la propia China. Junto con la recuperación de Taiwán, esta es la prioridad geopolítica de la República Popular China. Con ese objetivo, China financia la construcción de puertos y bases navales en Paquistán, Birmania, Sri Lanka y Bangladesh. Como es sabido, en ese mar se encuentran varias islas en disputa con distintas naciones: las Spratly. La República Popular de China, la República de China y Vietnam reclaman la totalidad de las islas, mientras que Malasia y Filipinas reclaman parte del archipiélago. Estas cinco naciones han ocupado militarmente diversas islas como testimonio de su soberanía en la zona. Este tema ya fue tratado ampliamente por este autor en la revista Defensa de Vicente Talón.

El Ejército más numeroso del mundo

Dentro de China, el ELP, desde la proclamación de la República Popular maoísta, mantiene un gran poder, político y económico, dentro de la jerarquía del Partido Comunista de China.

   Las Fuerzas Armadas chinas son el mayor ejército del mundo, con más de 2 millones de militares, a los que se podrían añadir otros 2 millones de fuerzas paramilitares. El ELP cuenta con una aviación militar con más de 400.000 efectivos y unos 2.024 aparatos aéreos, lo que la sitúa como la potencia más grande de Asia y la tercera del mundo, sólo superada por EEUU y Rusia. En los últimos 20 años hemos visto como el ELP ha incrementado su presupuesto a buen ritmo para modernizar sus equipos militares.

   Por si fuera poco, la República Popular China dispone de una ley de que le faculta para movilizar militarmente a toda su población activa, más de 800 millones de personas, que pueden realizar tareas de defensa, apoyo en combate, rescate y seguridad en caso de amenaza militar. La ley, que lleva se originó en el año 2000, fue sancionada por el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular. La ley incluye a todos los hombres de entre 18 y 60 años y todas las mujeres de entre 18 y 55, con pocas excepciones. El Consejo de Estado, el gobierno chino, o la Comisión Militar Central pueden decretar la movilización, si sienten amenazadas " la soberanía del país, su unión, integridad territorial o seguridad nacional".

   Pero no es puro inmovilismo. El periódico oficial del Ejército de China hizo campaña para un cambio de la cultura militar, pidiendo una renovación estratégica y técnica en sus fuerzas armadas  y señaló que es necesario “aprender de los modelos y experiencias de los ejércitos extranjeros (...) porque un Ejército que no tiene una mirada global es un Ejército sin esperanza (…) cambiar la cultura de las tropas, ya que éstas todavía tienen una visión del poder militar anticuada". Además, explica cómo EEUU desarrolla su propia tecnología, lo que supone reducir importaciones e invertir en industrias nacionales. El diario militar pide mayores esfuerzos para impulsar la modernización de la defensa nacional: "la tendencia internacional experimenta cambios profundos y complicados".

Predicciones

Algunos medios, como el prestigioso semanario inglés The Economist, interpreta que “el comportamiento de China se basa en la creencia de que, tras la crisis financiera, el poder de Estados Unidos ha entrado en un proceso inexorable de decadencia”. Señala el rotativo dos posibles escenarios. Uno es que China minusvalore el poder de Estados Unidos, y Pekín refuerce su compromiso en el área lo que provoca ya una aproximación efectiva entre Japón y Corea del Sur. Otro escenario es que el presidente chino, Hu Jintao, actúe reconociendo “el poder estabilizador de Estados Unidos", lo que ya está beneficiando a todas las naciones de esta región, gracias, entre otras cosas, a la creación de líneas de tráfico marítimas seguras.
   Las instituciones de Defensa de EE UU y Japón, que mantienen un contencioso con China por el apoyo de aquellos a Taiwán, hoy hacen pública su preocupación por los aumentos presupuestarios de la Defensa china.

El embargo de armas a China

La UE impuso el embargo de venta de armas a China tras el aplastamiento de la revuelta democrática de Tienanmen en 1989. Por su lado, China cuenta con la mayor reserva de divisas extranjeras del mundo, con unos tres billones de dólares, que usa para invertir, también, en bonos del Tesoro de EEUU, pero que en los últimos años se ha diversificado hasta en un 25% en activos en euros.

   El Gobierno de China estuvo comprando deuda pública de países europeos en crisis, como Grecia, Portugal, España y Hungría. También recientemente funcionarios del fondo soberano chino se han reunido con políticos italianos. Tras hacerse con esa deuda, Pekin ha manifestado su deseo de que la Unión Europea levante el embargo de venta de armas y reconozca al país asiático como una economía de mercado. "Sobre estos dos problemas, la Unión Europea tiene un prejuicio contra China", afirmó Jiang Yu, portavoz del Ministerio chino de Asuntos Exteriores, a una pregunta acerca sobre la vinculación entre la compra de deuda europea con la anulación del embargo y el reconocimiento de China como una economía de mercado. "Esperamos que estos problemas puedan resolverse en una fecha temprana para que nuestras relaciones bilaterales puedan desarrollarse", agregó la portavoz en rueda de prensa.

   El entonces primer ministro chino, Wen Jiabao, exigió la apertura de los mercados europeos a sus productos a cambio de la compra de deuda soberana, durante el Foro Económico Mundial en la ciudad china de Dalian. Wen pidió a Europa que reconociera a China como una "economía de mercado", así la segunda potencia económica podría eliminar algunas de las barreras comerciales impuestas contra China por competencia desleal, dumping.  Según las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que China pertenece desde hace diez años, el país asiático debería recibir el estatus total de economía de mercado en 2016. Sin embargo, Bruselas decidió aumentar los aranceles contra algunos productos chinos, como azulejos y pavimento, de un 26,3% hasta un 69,7%, acusando, de nuevo, a Pekín de vender sus productos por debajo de su precio de mercado.

   "China y la UE son dos socios estratégicos, así que este embargo con 20 años de antigüedad no tiene sentido ahora mismo y además hiere los sentimientos chinos", consideró Ye Jiang, director de asuntos europeos del Instituto de Estudios Internacionales de Shangai, al diario español La Razón.

   Estados Unidos, que participa en el embargo de armas, teme que China chantajee a los europeos con la compra de deuda abriendo las puertas a la adquisición de tecnología militar de la UE y relance su desarrollo tecnológico, convirtiendo al ELP en el segundo ejército del mundo, tanto en efectivos como en armamento moderno.

   El dragón chino ya superó al oso ruso y ahora corre tras el águila de cabeza blanca estadounidense. No será fácil, quizás ni siquiera posible.